19 de octubre de 2008

La mujer perfecta...

Cómo definirías a la mujer perfecta, hablando en términos generales. No pienses en características físicas, porque conociéndote, ya sea una rubia espectacular o una morena con un trasero enorme la que te seduce, en cualquier caso caerías igual. Hablemos de la persona perfecta. Una persona muy atractiva físicamente, que se mueve de manera armónica por la vida, inteligente, comprensiva. A la mujer perfecta la encontré de manera muy inesperada. De hecho no tenía idea que ella era el tipo de mujer perfecta, pero aquí verán como la reconocí.


Como dije en un principio, la mujer perfecta debe ser una mujer atractiva y efectivamente lo es. Pero es atractiva de una manera muy singular. Es un tipo de atracción que se acentúa a niveles inimaginables una vez que hablas con ella. A medida que transcurre la conversación te vas sumergiendo en sus gestos, en sus rasgos, en su boca, en su mirada, en su voz y sin perder atención en lo que habla, pues lo que ella habla es muy coherente. La mujer perfecta te hace sentir especial, porque de verdad para ella lo eres. Reconoce en ti todas tus virtudes y parece ignorar o simplemente no ver tus falencias. Pero como la mujer perfecta es además de inteligente sumamente bondadosa, si las conoce, pero jamás te las hace ver. La mujer perfecta es vegetariana y adora los animales. Es comprensiva con todos, pareciera que nada le molesta. Es una mujer fuerte, se muestra sin debilidades, nada parece afectarle o al menos no lo exterioriza de manera física alguna. Es sencillamente perfecta.


Pero como la perfección es una idea artificial, una ilusión creada por el ser humano y que todos persiguen, hombres y mujeres, lo mismo pasa con ella. Nos atrae a todos nosotros los imperfectos, sin importar si somos dama o varón, macho o hembra. Como una pintura realista colgada en una pared del Louvre, nos invita a contemplar su perfección, a desear tenerla para nosotros mismos, lo cual es imposible. Tiene tanto amor y belleza para entregar a todo el mundo que sería un crimen condenable con la pena máxima robarla y encerrarla en el sótano para deleite propio, Dios en persona bajaría a ejecutar la sentencia. He ahí su eterna maldición. Antes que perfecta es mujer y como mujer, tiene sentimientos y deseos.
-¿Quién querría poseer al orgullo del gran arquitecto?
Todos y a la vez nadie. De solo pensar en poseerla siento arder mis manos o peor aún, me duele el cuello de sólo pensar en el castigo que recibiré por haber siquiera deseado poseer la creación predilecta del Todopoderoso. Ella sufre, sufre por su perfección. Porque puede tenerlos a todos(as)pero al hacerlo ella pertenecería a nadie. Solo hay dos opciones, que se resigne a su condición perfecta y asuma el sacrificio de serlo para la felicidad de todos, o bien, que se caiga del muro sobre el que cuelga y se parta en el suelo.